Consumado el desierto y el ayuno,
va Jesús a Caná, para un festejo,
le acompañan sus fieles, su cortejo
de hermanos en la fe del Trino y Uno.

Que Jesús será rey, lo piensa alguno,
el pueblo está asombrado, está perplejo:
su universal palabra, su consejo,
su autoridad... El tiempo es oportuno.

Mas hijo es de José, del carpintero,
un obrero modesto, y fue alumbrado
en una pobre cuna de Belén.

Dicen que es impostor, aventurero.
¿No saben que su ciencia ha deslumbrado
a los doctores en Jerusalén?



La boda preparada con cuidado
atrae a mucha gente para ver
al nazareno, va a comparecer
de amigos y familia rodeado.

María observa al novio atribulado,
carece de lo que ha de menester,
piensa que es por Jesús, al atraer
más personas del número esperado.

Ella insinúa a su hijo omnipotente:
No tienen vino. Él dice no es su hora.
Haced lo que Él os diga. Y Él ordena

que llenen de agua cada recipiente.
Con su divinidad transformadora
convierte el agua en vino, en Nochebuena.



La manifestación de su deidad
es necesaria, es su confirmación,
hace en la boda la revelación
del celestial poder y majestad.

Fue por María, por su claridad,
este primer milagro, mediación
que esclareció la gloria, es su misión
el ser corredentora en la Unidad.

La Nueva Alianza es signo de esponsales,
en Cristo se hace amor en este vino,
compromiso del Padre en su Largueza.

Los discípulos ven las credenciales,
descubren que es Jesús el Ser divino,
se abre su fe a la luz, a la certeza.


Emma Margarita R.A-Valdés          

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Música: Avinu Malkeinu