Qué fragancia de luz siento a tu lado,
qué calor maternal bajo tu manto,
qué música interior cuando te canto,
qué frescura de amor acumulado.

Se hace camino el mar apaciguado
y sonrisa y fulgor el mismo llanto.
En el frágil temblor de mi quebranto
no pesa el corazón enamorado.

Te he dicho tantas cosas desde niño,
tantas veces soñado tu hermosura,
palpado tantas veces tu cariño,

Oh Madre del Socorro verdadero,
que al contemplar tu rostro de ternura,
tan sólo sé decirte que te quiero.


 P. Miguel Combarros Miguélez           
Redentorista

Del libro: "Poemas para orar" - Madrid, 2004
Biblioteca de Autores Cristianos - (BAC)
Reservados todos los Derechos de Autor.






Música: Bendita entre todas las mujeres.