Yo la he visto, Virgencita,
cómo temblaba en tus dedos
la batista blanca y fina
de tu pañuelo.
Como en süave caricia
venía a besarla el viento
y dejaba entre su trama
la fragancia de su beso.



Yo he visto cómo guardaba
un suspiro de tu pecho,
la batista blanca y fina
de tu pañuelo,
y un tulipán de su trono,
con cáliz de terciopelo,
anhelando aquel suspiro
lloraba de sentimiento.



Yo he visto cómo una lágrima
la esperaba con deseos,
la batista blanca y fina
de tu pañuelo;
mientras un clavel sangraba
por sus pétalos abiertos
el aroma de su vida
para llevarte consuelo.



Yo tenía mucha envidia
de las caricias del viento,
del tulipán de tu trono
y de aquel clavel abierto,
porque los tres me llevaban
todo cuanto había puesto
en la tela blanca y fina
de tu pañuelo.




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Música: Dulce