Dios está aquí, sobre esta mesa mía
tan revuelta de sueños y papeles;
en esta vieja, azul fotografía
de Grindelwald cuajada de claveles.



Dios está aquí o allí: sobre la alfombra,
en el hueco sencillo de la almohada,
y lo grande es que apenas si me asombra
mirarle compartir mi madrugada.



Doy a la luz y Dios se enciende; toco
la silla y toco a Dios; mi diccionario
se abre de golpe "en Dios", si callo un poco
oigo jugar a Dios en el armario.



Abro la puerta, y entra Dios. ¡Si estaba
ya dentro!... cierro, y sale, mas se queda;
voy a lavar mi cara y Dios se lava
también, y el agua vuélvese de seda.



Dios está aquí: lo palpo en mi bolsillo,
lo siento en mi reloj y, aunque me empeño,
ni me sorprendo ni me maravillo
de verle tan enorme y tan pequeño.



Me lo dobla el cristal, me lo devuelve
hecho yo mismo -Dios, perdón- su frío,
y no intento explicarme por qué envuelve
su cuerpo en este pobre traje mío.



Hoy he encontrado a Dios en esta estancia
alta y antigua donde vivo. Hacía
por salvar, escribiendo, la distancia
y se me desbordó en lo que escribía.



Y aquí sigue: tan cerca, que me quemo,
que me mojo las manos con su espuma;
tan cerca, que termino, porque temo
estarle haciendo daño con la pluma.


Carlos Murciano           


Fuente: "Poemas para orar"
Biblioteca de Autores Cristianos - BAC - Madrid, 2004
Reservados todos los Derechos de Autor.




Música: "Secret Garden", de Bruce Deboer.
Tiempo de Poesía le agradece su gentileza
y el permiso para utilizarla en esta página.