¿Por qué, Señor, he de esperar al día
en que la pena ahogue mi garganta
para sentir la fe con fuerza tanta
que llegue a ser feliz en mi agonía?



¿Por qué, Señor, mi fe suele ser fría
sin comprender lo grande de tu empeño,
sin querer soportar divino leño
para no entorpecer la vida mía?



Dame, Señor, la fe y en tal medida
que en la felicidad ame la muerte
y que en el sufrimiento ame la vida.



Que no espere, Señor, a estar ahogada,
por temor a la sombra de lo inerte
para aceptar, de Ti, carga pesada.


Blanca María Alonso Rodríguez          

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Música: Jesús y la Samaritana