Había que estar allí.

En el lugar, en el momento
en que cae el rayo
que hiere hasta la raíz,
despierto.



¡Ay de quien parpadea
somnoliento los días
y se queda
sin verte en la ventanilla
del tren, único instante
que pasa, que era
el más trascendente
en la carrera de la vida!



La pereza todo lo pierde,
todo lo gasta,
nunca encuentra.

Yo sí te vi:
tu mirada sembrada en el aire
se adhirió a mi alma
colgada
en acantilados de espera.



Sólo una palabra
preñada de mi existencia
necesitabas.
Salto afirmativo trapecista
abandonando agarres, mi tierra
en oscuridad.

Y fue tan decisivo el paso
que gané justo tu orilla,
oyendo nuevo el nombre
que me habías dado.



¿Para qué quería yo regalos de libertad,
monedas que son las horas
si no Te tuviera?

Todo lo gasté en Ti,
gozando mi mejor manera
de ser,
junto a tu lado.



Gracias porque mi vida
hoy
es ventana innumerable
de cuerdas
de instantes
de luces
de oportunidades.

Que yo no existiera
de no haberte encontrado,
Amor,
en el juego de la entrega.



Jesús Martínez García         

Del libro: "Juegos escondidos".
Reservados todos los Derechos.
Publicado con permiso del autor.
Prohibida su reproducción sin su expreso consentimiento.
email del autor: jes.martinez@terra.es




        
Música: Misheu Holej Tamid Iti