¡Quisiera ser figura de un nuevo nacimiento,
pintado con la pluma del libre pensamiento!.



Sería una zagala de tosca y parda saya,
con caliente pellico de una abrigada cabra,
con zurrón abultado que alimento guardara,
con calcetines rudos, hilados en mi casa,
adornados con cintas del color de la grana.
Calzaría chapines de cordobán de vaca,
y llevaría un gorro de estameña forrada.
Ofrecería al Niño leche, buen queso, natas,
un cordero pequeño de rizosa pelada…
Y le diría versos que yo guardo en el alma.



Sería campesina de tosca y parda saya,
con jubón de puntillas y mantilla de lana,
con delantal de flores, cruzado por la espalda,
con calcetines rudos, hilados en mi casa,
adornados con cintas del color de la albaida.
Calzaría, de esparto, las zapatillas gualdas
y me protegería con sombrero de paja.
Ofrecería al Niño verduras, miel, castañas,
las frutas más jugosas por las lluvias regadas…
Y le diría versos que yo guardo en el alma.



Sería molinera de tosca y parda saya,
con rústica camisa que oliese a horno y masa,
con mandil reluciente sujeto con lazadas,
con calcetines rudos, hilados en mi casa,
adornados con cintas del color de la názora.
Calzaría, de estopa, zapatillas cerradas,
y el pelo ocultaría bajo toca muy blanca.
Ofrecería al Niño hogazas bien torradas,
bizcochos de buen trigo, unas tortas de pasas…
Y le diría versos que yo guardo en el alma.



Sería juglaresa de tosca y parda saya,
con rizosos volantes y muy almidonada,
con corpiño ajustado sobre blusa planchada,
con calcetines rudos, hilados en mi casa,
adornados con cintas del color de la malva.
Calzaría, de paño, zapatillas bordadas,
trenzaría mis trenzas con silvestres guirnaldas.
Ofrecería al Niño melodías danzadas,
tocaría el pandero, castañuelas de palmas…
Y le diría versos que yo guardo en el alma.



Y si fuese princesa que en palacio morara,
por un brial brocado trocaría la falda,
con engastes de perlas en rubio oro enzarzadas;
los calcetines rudos, por transparentes mallas,
adornadas con cintas irisadas de nácar.
Calzaría sandalias de armiño acicaladas,
ceñiría el cabello con verdor de esmeraldas.
Ofrecería al Niño una cuna tallada,
fino ajuar con encajes, un cofre con alhajas…
Y le diría versos que yo guardo en el alma.



¡Ay, loca fantasía, que dormitas callada
despertándote, a veces, inquieta y agitada!
¿Todo eso yo sería? ¡Si no puedo ser nada!
¡La Navidad que sueño ya es Navidad pasada!
Mas aún sueña otro sueño esta figura vana.
¿Por qué ya no soñarlo? ¡Sólo cuesta palabras!



Quisiera un nacimiento con una escuela blanca,
con buenos enseñantes enseñando en las aulas,
con discípulos ávidos de una mente ilustrada;
con pizarras numéricas y con cantos de tabla,
con aros y con pértigas, minerales y mapas,
con manuales vasijas que a la ciencia llegaran,
con muchos pergaminos, finos pinceles, arpas…



Sería profesora de túnica plegada
con una gola blanca de puntilla calada,
con toga guarnecida que a la nieve tentara,
con calcetines rudos, hilados en mi casa,
adornados con cintas del color de las algas.
Calzaría botines de gruesa piel labrada,
pondría en la cabeza una toca morada.



Ofrecería al Niño todo lo que llevaran
las primeras figuras que mi mente forjara.
Además le daría leche de mejor vaca,
manteca de aldea, requesón de la braña,
unos tanques de arbejos, las más tempranas habas,
un curado compango, navizas y patatas;
y en un fogón de leña le haría una empanada,
un dulce arroz con leche, frisuelos y una tarta.
Además llevaría las mejores manzanas
para hacerle bebida de mi tierra asturiana.



Como la juglaresa bailaría mi danza:
Danza Prima de Asturias en la noche estrellada.
Y no siendo princesa para tener alhajas,
buscaría corales y perlas en las aguas.



Mas como profesora de túnica plegada
ofrecería al Niño, cuentos, gestas y fábulas,
romances juglarescos, villancicos y jarchas,
odas, canciones, églogas y quizá alguna sátira.
También le leería de la Biblia unas páginas,
del Sabio Rey, los versos que a su madre loaran.
Y entre las bellas aves que presenta la fauna
buscaría una pluma con la punta perlada;
en las tierras de Persia, una tinta escarlata;
en Egipto, papiros para escribir palabras.
¡Y le diría versos que yo guardo en el alma!



¡Qué nuevo nacimiento para el mundo soñaba,
con maestros y alumnos y el pesebre en las almas!



¡Quisiera ser figura de un nuevo nacimiento,
pintado con la pluma del libre pensamiento!



Blanca María Alonso Rodríguez         
Profesora de Instituto


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Publicado con permiso de la autora.
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Música: Está aquí, Aquel que te ama.