Arropada por los doce,
la Virgen está dormida,
de Amor yace traspasada,
la Iglesia se glorifica.
¡Bendita Jerusalén!
Cumplida es la profecía.



La tierra guarda silencio
angustiada, estremecida,
y explora, sin descubrir,
por sus entrañas heridas,
tibio lecho en que albergar
su carne y sangre santísimas.



¡Detente, tierra! renuncia
a esa búsqueda baldía:
tal pureza inmaculada
no puede ser corrompida
y en la altura se celebra
ya la asunción de María.



No lloren más tus caudales
ni esculpan urnas calizas,
¿no ves aquel resplandor
que tus cumbres ilumina?
Voz de Dios que la proclama,
del cielo su Reina y Guía.



¡Brote en ti la primavera!
¡Engalana tus campiñas!
Luce por montes y valles
lirios, rosas, buganvillas.
Cubre de aromas los bosques.
¡La Madre sueña! Bendita.



Recostada en blanco lecho
de fino lino vestida,
su ángel, el de la guarda,
inclinado la vigila;
y ambas manos , venerables,
con devoción acaricia.



¡Escucha su corazón!
acompasada armonía
de mujer enamorada.
Llama humilde que palpita
y en sagrario resplandece
como lámpara encendida.



¡Mira! ya la Luz desvela
el rubor de sus mejillas,
flor en brazos de los Tres
en cuerpo y alma de niña.
Embargado por el gozo,
su dulce José, suspira.


Juan Carlos Fanjul           

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Música: Rayos de sol y luna.

Imagen superior: "La Dormición", de Sor Juana Antonia García Abadillo
Hermana Clarisa - Monasterio de San Jorge - Tauste (Zaragoza)
Reproducción del original: "La Dormición", de Theophanes el Griego
Catedral Kolomna (Moscú) - Año 1392
Adaptaciones: Diseños Juanca - Tiempo de Poesía agradece su cortesía.